martes, 21 de noviembre de 2017

Algunas puntuaciones sobre el Psicoanálisis

Algunas puntuaciones sobre el Psicoanálisis[i]

“El psicoanálisis no es una terapéutica…
como las demás"[1] El psicoanálisis se encuentra en el campo de lo terapéutico, sin embargo  no se trata de cualquier  terapéutica, no es médica toda vez  que lo médico apunta a un saber cuyo discurso excluye  al sujeto, pero tampoco es una terapéutica psicológica cuando la psicología, del lado de la ciencia, constituye un saber universalizado en la prescripción de leyes generales. No es una terapéutica como las demás, porque atiende al Sujeto en su singularidad. Ningún saber singular se universaliza para todo Sujeto.
 Si la terapéutica consiste en una cura "el psicoanálisis, tipo o no, es la cura que se espera de un psicoanalista"[2], es del psicoanalista de quien se espera entonces que ubique la diferencia, entre  una terapéutica que le es específica y otra que no lo es.
  Recae en el psicoanalista la dirección de una terapéutica que, por la vía de la palabra y su poder de escucha, establezca la distinción entre el decir del yo y el decir de un  Sujeto. Un psicoanalista es de  quien se espera pueda silenciar su narcisismo, sus ideales, sus juicios y puede ocupar su lugar en la transferencia, sabiendo que el Sujeto Supuesto Saber  supone un lugar, el lugar del Otro, que no es cualquier otro. Que pueda saber del transito, mutando desde este lugar del Otro inicial de la transferencia,  a uno posterior, operando a favor de la incompletud e inconsistencia del Otro, para devenir  objeto.
El psicoanalista es aquel que  permite sostener la pregunta del Sujeto que viene a su encuentro, es el que posibilita cifrar el inconsciente,  advertir la posición del Sujeto que habla, su goce y su posición deseante.  Es el psicoanalista quien puede entender  el sufrimiento del síntoma, la inhibición y la angustia, y poner a hablar a ese síntoma, ubicando allí qué deseo se cumple, qué goce se satisface. El psicoanalista se encuentra en un lugar privilegiado para leer e intervenir en el decir del Sujeto. Su objetivo no es la adaptación del sujeto a las normas sociales o a los requerimientos de la cultura, busca el acuerdo del Sujeto consigo mismo.
No dirige la vida del Sujeto, pero dirige la cura con la única regla básica que es la  de apertura al espacio de análisis, esto es, la asociación libre.
¿Como  puede un psicoanalista saber hacer  todo lo que de él se espera? ¿Cómo sostiene un análisis? ¿Cómo dirige una cura?

Formación del analista
Es necesario pensar la formación del psicoanalista vinculada a la especificidad de la cura psicoanalítica. Para ello el analista deberá saber, por un lado, de esa falta que en psicoanálisis se denomina castración; por otro,  de  la imposibilidad  de que exista una norma de la relación entre los sexos. El sexo, en el ser parlante, remite al "no todo”, se trata de una falla estructural sin solución, que produce insatisfacción y arreglos singulares.
¿Cómo se forma a un analista para que ocupe un lugar en la transferencia y oriente al Sujeto en la búsqueda de una solución menos penosa, sin desconocer que el único encuentro con lo imposible, con lo real, nunca es un buen encuentro? ¿Cómo se transmite ese saber  que conduce a diferente dirección de aquella que intentaría suturar la falla, a partir de ideales de armonía, felicidad o eliminación del conflicto?
La formación es un efecto del anudamiento entre teoría y experiencia, cuerdas de prácticas diferentes, pero a su vez articuladas. Estas prácticas pueden ser pensadas en intensión, como saber textual, no acumulativo, y en extensión, como saber referencial.
Es imprescindible la teoría. No podría nadie dirigir un tratamiento si no sabe qué es el  psicoanálisis, si no cuenta con el bagaje de nociones que le son específicas; sin embargo  ese saber es silente en la experiencia de analizar. Este es el momento  de sorprenderse y actuar desde la ingenuidad, sin premisas “no especular ni cavilar mientras analiza[3]” Es necesario sostener  la relación disyuntiva entre teoría y experiencia, aun sabiendo que  aquello que  se produce en la experiencia, muchas veces posibilita conceptualizaciones, y las mismas, como referencias teóricas,  producen efectos en la escucha. Sin embargo, el psicoanalista estará advertido que  los saberes referenciales  no  aspiran al ideal, y mucho menos a la adecuación de su escucha a la teoría. El saber textual, de ese aquí y ahora en cada sesión, en cada tratamiento, deja por fuera reglas técnicas que indican un deber hacer.  
De la formación del analista depende el modo particular de intervención conforme a cada Sujeto. Ese modo de intervenir  del psicoanalista es con un deseo específico, deseo del analista. Ese deseo no es un deseo personal, es el deseo que  le  posibilita operar en los registros simbólico, imaginario y real; allí donde introduce alguna modificación de la relación del sujeto con lo real. El deseo del analista no va de suyo, es un efecto de su formación. Esa formación requiere del análisis personal y eso no se produce si no hay alguien que ha pasado por el análisis.
Freud dice en "Análisis terminable e interminable", que hay que tener cierta experiencia del inconsciente. "…se instala en el aprendiz la firme convicción en la existencia del inconsciente" y si eso acontece  otorga al analizado "aptitud de analista”.
La teoría no sustituye la experiencia del encuentro con un saber que no se sabía se tenía. Un saber que no es intelectual, en el que no esta en juego el conocimiento como un aprendizaje sino la experiencia de la castración; el saber del modo que se responde al encuentro con lo traumático, con lo real. Quien no ha atravesado por esa experiencia, que no se trata necesariamente de un fin de análisis, no puede ocupar el lugar de analista.
La experiencia del análisis, el estudio de la teoría y su  práctica, junto a  las supervisiones de la misma, constituyen en su conjunto aquello  que se denomina  la formación del analista. Los efectos  de este entramado  puesto en acto en la dirección de la cura, es lo que Lacan ha nombrado el deseo del analista.

Habilitación o autorización para ser psicoanalista
Freud  en "Pueden los legos ejercer el psicoanálisis", sostiene una pregunta  ¿quienes pueden ejercer el psicoanalisis? cuestión que extiende los límites de su época y llega hasta nuestros días.
Hoy, la legislación dice que médicos y psicólogos están habilitados por el estado para practicar  psicoterapias sin embargo, como dije anteriormente, el psicoanálisis no es una terapéutica como las demás.
Me he pronunciado sobre  la importancia de la formación, pero aquí la cuestión se desplaza a quién forma, quién habilita  y cómo interviene el Estado para legislar sobre la formación y la practica psicoanalítica. En el debate  intervienen varios actores sociales tales como la Universidad, las Colegiaciones, las Instituciones psicoanalíticas.
 La Academia y los Colegios o Consejos profesionales constituyen actores necesarios para la habilitación. La Universidad  otorga el título de grado habilitante para realizar psicoterapias a médicos y psicólogos y los Colegios de ley ejercen poder de Estado  al regular las matriculas profesionales para habilitar sus prácticas.
Pero habilitación no es formación. Se produce cierto deslizamiento cuando la Universidad ofrece formación  post título, mediante  cursos, seminarios, maestrías y doctorados de especialización en psicoanálisis. El Otro, que se hace consistente en el prestigio social de la Universidad,  habilita y constituye constancia  necesaria y a veces suficiente para la carrera académica; pero ello no implica necesariamente  formación del analista. El discurso universitario no es el discurso del analista. Este último, tal como lo plantea Lacan, es el  único discurso que articula la renuncia al goce dando lugar al objeto a , que es causa en el lugar del agente, discurso que ofrece  "las coordenadas que el analista debe ser capaz de alcanzar para simplemente ocupar el lugar que es el suyo, el cual se define como el lugar que él debe ofrecer vacante al deseo del paciente para que se realice como deseo del Otro"[4]y que al término de la operación habrá “evacuación del objeto a ……y es ese objeto evacuado lo que el analista mismo representará por su en-sí”[5]
   Se justifica la distinción entre habilitación y formación del analista,  porque el efecto de la formación es la autorización del analista; como Lacan lo expresa: “Mientras tanto, ¿no habría podido ocurrírsenos en la Escuela que es eso lo que equilibra mi decir que el analista no se autoriza más que por sí mismo? Esto no quiere decir que él esté solo para decidirlo como acabo de hacerles observar en lo que se refiere al ser sexuado. Diría incluso más, lo que escribí en las formulas implica al menos  que… para que haya hombre, es que en alguna parte haya castración.”[6]
El autorizarse por sí del analista, no es un hacer voluntario, una decisión personal sin más. No se trata de ningún arrojo, ni de un desafío y mucho menos de un arreglo del goce  singular. No es autorizarse en tanto ser sino en cuanto falta en ser.
Por ello la formación ha de estar articulada a la castración, a la imposibilidad, a la no relación sexual. Es una formación en transferencia a un Sujeto supuesto al saber; no se trata aquí de ningún saber instituido, ni del discurso Universitario, ni del discurso del Amo.
  La formación produce efectos de autorización, más allá de toda habilitación. Un analista se autoriza por sí mismo y con otros con los que trabaja,  con los que estudia, con quienes supervisa o con quien se analiza.
La condición del deseo del analista  se pone de manifiesto en el acto analítico, y a ese servicio debieran estar orientadas las Instituciones, Escuelas, Asociaciones Psicoanalíticas, quienes constituyen  vía regia de formación de analistas, movidas por el lazo a otro y  en la transferencia entre sus miembros.
Cada Institución psicoanalítica, por fuera de la habilitación que le corresponda en el marco de la ley, también “se autoriza por sí” de ello se desprende que su posición se rige con los mismos criterios del analista. De cada Institución se espera que produzca  intercambios necesarios para no constituir: atrapamiento en sus redes, obediencia a sus mandatos, adhesión acrítica a sus lecturas, efecto de grupo o de masa, identificaciones a  ideales; es decir, funcionamientos  contrarios al  Psicoanálisis. De lo que se trata es que las Instituciones orienten su formación al deseo y la autorización del analista.
Todas las puntuaciones que he intentado desarrollar, constituyen basamentos necesarios para  la continuidad y avance del psicoanálisis.

Bibliografía
Freud, Sigmund, Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico, Obras Completas, TomoII, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973.
Lacan, Jacques, Variantes de la cura tipo, Escritos 1, Siglo XXI Editores, Argentina, 1988.
Lacan, Jacques, El seminario 8 La transferencia, Clase de 11 de enero de 1961, Paidos, Bs As, 2003.
Lacan, Jacques, El seminario 16  De otro al otro, Clase de 4 de junio de 1969, Paidos, Bs As, 2008.
Lacan, Jacques, Seminario  21 inédito Clase del 9 de Abril de 1974.

Monica Virginia Rossi




[1] Lacan , Jacques, Variantes de la cura tipo, Escritos 1, Siglo XXI Editores, Argentina, 1988
[2] Lacan , Jacques, idem

[3] Freud, Sigmund, Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico, Obras Completas, TomoII, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973
[4] Lacan, Jacques, El seminario 8 La transferencia, Clase de 11 de enero de 1961, Paidos, Bs As, 2003
[5] Lacan, Jacques, El seminario 16  De otro al otro, Clase de 4 de junio de 1969, Paidos, Bs As, 2008

[6] Lacan, Jacques Seminario  21 inedito Del 9 de Abril de 1974



[i]  Publicado en Revista Confluencias del Colegio de Psicólogos de Neuquén Año 2 N°2. Neuquén Argentina.