sábado, 24 de abril de 2021

Sobre los discursos de época y el discurso del analista [1]

 

Introducción

Los cambios de época en sus modos de organización social, económica, política y jurídica; la ciencia y sus prácticas, son condiciones de posibilidad de cierto tipo de subjetividades contemporáneas. Ahora bien, si la mutación a la que hacemos referencia incide en el sujeto del psicoanálisis, en el parletre, ¿cambia la noción de sujeto del inconsciente y de parletre de la que nos servimos los psicoanalistas, con dichos cambios? que se mantiene constante o invariante? Sobre la subjetividad de la época, ¿el psicoanálisis conserva su discurso subversivo respecto del sujeto del inconsciente o se pliega a la idea de cambio en sus progresos o detenciones de la época, al tomar a ésta en su consideración?

La aceleración, el desarrollo, la expansión, la multiplicidad, la indiferenciación, el empuje a no detenerse, afín a los intereses capitalistas de hiperproductividad, implican formas perfeccionadas de un capitalismo que hasta la actualidad no ha agotado su capacidad mutante incidiendo sobre la subjetividad. Aunque hoy se abra un paréntesis sobre las consecuencias del virus y la pandemia, ello también tendrá efectos sobre el Sujeto. El psicoanálisis de qué modo aloja esos cambios y ese avance en la vertiente del  progreso de la ciencia, y junto a ello el de la técnica y su incidencia ¿plegado a otros discursos, o encontrando las diferencias en el horizonte ético que no es propio?

Desde esta perspectiva surge la cuestión por un lado,  sobre la vigencia y suficiencia de los conceptos psicoanalíticos ante los discursos de la época así como, el tipo de intervenciones y posiciones del analista para leerlos, sobre todo, para lo que le es específico, interpretarlos  y por otro, de qué modo el Psicoanálisis puede renovar dichos discursos.

 

Dice Jean Copjec en  “Imaginemos que la mujer no existe”,  enfocar la cuestión de la ética desde la perspectiva del psicoanálisis podrá parecerle a más de un lector una manera de limitar el tema y confinar innecesariamente el debate a los términos de un lenguaje especial. Mis argumentos se basan en la premisa de que el psicoanálisis es la lengua materna de nuestra modernidad y de que los temas importantes de nuestra época son difíciles de articular fuera de los conceptos que éste ha forjado. Si bien algunas almas sofisticadas afirman que estamos más allá del psicoanálisis, lo cierto es que todavía no hemos comprendido sus aportes más revolucionarios”.

 

La filosofía de la cultura y el psicoanálisis

Los discursos de la época se sirven de la filosofía para leer el poder y ubicar las resistencias.

En el Post-scriptum, sobre las sociedades de control[2]Gilles Deleuze plantea  que  Foucault caracterizó lo que denominó sociedades disciplinarias como aquellas que operan mediante la organización de grandes centros de encierro y este modelo: fue el sucesor de las sociedades de soberanía, cuyos fines y funciones eran completamente distintos, gravar la producción más que organizarla, decidir la muerte más que administrar la vida. El autor manifiesta que  las sociedades disciplinarias son nuestro pasado inmediato y que se opera una transformación hacia las sociedades de control. Si la sociedad disciplinaria y sus encierros descriptos por Foucault son moldes, las sociedades de control en su modulación producen un moldeado autodeformante que cambia constantemente y a cada instante. Mientras la fábrica hacía de los individuos un cuerpo  y vigilaba cada uno de los elementos que formaban la masa y a su vez los sindicatos podían movilizar  una masa de resistentes, en las sociedades de control, la fábrica es sustituida  por la empresa y ella es un alma etérea que instituye entre los individuos una rivalidad interminable.

Para las disciplinas su objeto fue la vida biológica. El  biopoder fue ejercido sobre los cuerpos de los individuos a través de la anatomopolitica y  sobre la población o la especie a través de la biopolítica. El cuerpo viviente ha sido el soporte de los procesos biológicos: nacimiento, mortalidad, salud, duración de la vida. Por ello postula Deleuzze, el poder disciplinario era al mismo tiempo masificador e individuante mientras que, en las sociedades de control en cambio,  los individuos han devenido "dividuales" y las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados o "bancos". Lo esencial ya no es una marca ni un número, sino una cifra y el instrumento de control social es el marketing,

El autor analiza la  correspondencia entre tipos de sociedad y tipos de máquinas, ellas expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan. Las antiguas sociedades de soberanía operaban con máquinas simples, palancas, poleas, relojes; las sociedades disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas energéticas, con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje; las sociedades de control actúan mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y la inoculación de virus. No es solamente una evolución tecnológica, es una profunda mutación del capitalismo.

Un planteo en la misma línea realiza Eric Sadin en La humanidad aumentada, describe una mutación decisiva de nuestro vínculo con la técnica: mientras que su vocación fue la de ser una prótesis de la insuficiencia del cuerpo, hoy, su capacidad cognitiva le confiere el rol de gobernar a los seres y las cosas. Plantea una agonía del antropocentrismo moderno para dar lugar a una gubernamentalidad algoritmica que pone en riesgo nuestra soberanía. El documental de Netflix “El dilema de las redes sociales” nos permite advertirlo

Se trata de la emergencia de una humanidad ya no sólo interconectada, hipermovil, sino una condición inextricablemente mixta humano artificial

Los psicoanalistas, para leer la época nos servimos, entre otros aportes, de los cuadrípodos de los discursos, y específicamente de una Conferencia dictada por Jacques Lacan en la Universidad de Milán el 12 de mayo de 1972: "Del discurso psicoanalítico". En ella introduce el discurso capitalista  como producto de la incidencia de la ciencia en el discurso amo; afectando con el trueque del S1 por el $, las condiciones del sujeto dividido desamarrado de anclajes. 

Al malestar de la época lo habremos leído con nuestras categorías y habremos dicho que el discurso capitalista configura de un modo particular, los cuatro términos en  sus posiciones relativas (el agente, el otro, el producto y la verdad) y al tornar amo del consumo al Sujeto, le retira la barra de su división, omitiendo su causa. Ante ello dirá Lacan “ el ascenso al cenit social del objeto llamado por mí a minúscula, por el efecto de angustia que provoca el vaciamiento a partir del cual nuestro discurso lo produce, al fallar en su producción"[3] Asi  " …se compra cualquier cosa, un coche en particular, con el que hacer signo de inteligencia, si se puede decir, de su aburrimiento, es decir, del afecto del deseo de Otra-cosa (con O mayúscula)[4]."

Si la ciencia deja de lado cualquier verdad que no sea formal,  forcluye al sujeto y rechaza cualquier imposible real, en alianza con la técnica, distrae el vacío procurando gadgets. Por una parte transforma cualquier objeto abyecto en mercancía y cuando la oferta no es un producto entonces la mercancía es el sujeto.

La época a la que hacemos referencia, decimos con Lacan, que es la del discurso capitalista, que al significante lo reduce a signo, que rechaza la castración, el inconsciente y  la imposibilidad lógica de lo no relación sexual.

Por su parte el Discurso del analista opera haciendo semblante de objeto para introducir la causa de la división del sujeto. Es el envés del Discurso amo, se encuentra en  lo opuesto de toda voluntad de dominio y de su resistencia. Los discursos que se sirven del poder, son discursos de una conciencia alienada en el desconocimiento fetichista. No es del poder, ni de las resistencias, cuando develada la trama ilusoria pudiera conducir al progreso de la subjetividad social, de lo que el psicoanálisis se ocupa es del descentramiento del yo y de la conciencia y, justamente en ello reside la subversión del sujeto que concibe.

 

La subjetividad de la filosofía no es el sujeto del psicoanálisis

Michel Foucault nos aclara[5] que  su propósito no ha sido “analizar el fenómeno del poder, ni tampoco elaborar los fundamentos de tal análisis, por el contrario mi objetivo ha sido elaborar una historia de los diferentes modos por los cuales los seres humanos son constituidos en sujetos. Mi trabajo ha lidiado con tres formas de objetivaciones, las cuales transforman a los seres humanos en sujetos”.

Los modos de subjetivación son las prácticas en tanto condiciones de posibilidad de constitución del sujeto como objeto en determinada relación de conocimiento y de poder.

El sujeto del psicoanálisis no es el de la subjetividad como constructo histórico.

En el Escrito De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, como así también en el Seminario de Las Psicosis, Lacan expone la tesis del sujeto como pregunta por el ser.

 Pues es una verdad de experiencia para el análisis que se plantea para el sujeto la cuestión de su existencia… en cuanto pregunta articulada: "¿Qué soy ahí?", referente a su sexo y su contingencia en el ser a saber que es hombre o mujer por una parte, por otra parte que podría no ser ambas conjugando su misterio, y anudándolo en los símbolos de la procreación y de la muerte…..es a título de elementos, del discurso particular como esa cuestión en el Otro se articula”[6] “Se trata de una pregunta que se le plantea al sujeto en el plano del significante, en el plano del to be or not to be, en el plano de su ser[7] .¿Qué soy? ¿soy?, es una pregunta sin respuesta por el ser que falta, referente a su sexo y contingencia. La  falta proviene del lenguaje y el Otro.

….el falo (gracias a lo cual el inconsciente es lenguaje).[8]Produce como efecto en el sujeto sólo poder designar su ser poniendo una barra en todo lo que significa, así un significante representa al sujeto para otro significante.

A la existencia de un ser esencial e idéntico a sí mismo de la ontología, Lacan responde con la  manque-á-être (falta en ser) y parlêtre (hablanser)

La metafísica arqueológica nominalista foucoltiana, producto de las mutaciones de los regímenes de verdad y las prácticas, conforman un dispositivo de saber-poder que marca en lo real lo inexistente, “Es algo que no existe y que, no obstante, está inscripto en lo real, correspondiente a un régimen de verdad que divide lo verdadero de lo falso.”

A esa metafísica Lacan responde con el origen topológico del ser hablante y la sexualidad. “El ser hablante, es hablante a causa de lo que le ocurrió a la sexualidad o esto le ocurrió a la sexualidad porque él es el ser hablante”.

“Somos seres sexuados porque la simbolización siempre se choca con su propia imposibilidad” agrega Zizek

Topología matemática no metafórica, espacio compacto insustancial. El goce será la única sustancia reconocida por Lacan, y el sexo en el ser en falta, se inscribirá como goce fálico y / o más allá de él, en Otro goce.

Dice Jean Copjec “el sexo no puede ser deconstruido porque el ser humano es inevitablemente sexuado... el sexo es el traspié de la razón, el lugar donde todo saber fracasa”.

La sexualidad es la falla, pero la filosofía desconoce las barras

El análisis que Foucault realiza de la hipótesis represiva implica una crítica a la concepción del poder que la realiza sólo en términos de represión a la manera de la concepción jurídica. El poder no es solo  represión y la ley no es constitutiva del deseo.

Foucault  considera a “Todos esos elementos negativos —prohibiciones, rechazos, censuras, denegaciones— que la hipótesis represiva reagrupa en un gran mecanismo central destinado a decir no,  sólo son piezas que tienen un papel local y táctico que desempeñar en una puesta en discurso, en una técnica de poder, en una voluntad de saber que están lejos de reducirse a dichos elementos.” Por ello describe los dispositivos de poder y plantea que "La historia del dispositivo de sexualidad, tal como se desarrolló desde la edad clásica, puede valer como arqueología del psicoanálisis."[9]

En sintonía con este planteo Deleuzze[10], manifiesta que  pesan sobre el deseo, al menos dos maldiciones, una de ellas y que se remonta a los griegos, es la que  el deseo es carencia, la otra es que  el deseo será satisfecho por el placer, o estará en una relación vinculada al goce. Refiere que en torno a la primera, se produce una circularidad que parte de un postulado filosófico inicial, de raigambre  occidental donde el  deseo es deseo de lo que no se tiene, desde Platón hasta Lacan  el deseo está dirigido a lo Otro. La segunda maldición referida, es  la concepción del placer como descarga “todo pasa en ese círculo: el deseo-carencia, la ilusión del placer, y el deseo-gozo”.

Para Deleuze el deseo circula en  agenciamientos de heterogéneos. Plantea que los diferentes componentes del agenciamiento de deseo suponen dos ejes, por un lado los estados de cosas y las enunciaciones poblados de devenires y de intensidades de todo tipo de multiplicidades y por otro las territorialidades o re–territorializaciones, y los movimientos de desterritorialización. Si desear es desterritorializarse, el deseo está precisamente en estas líneas de fuga.” [11]

El planteo de ambos filósofos orienta a una voluntad de saber y de poder  desconociendo que la castración, la falta o carencia no se produce en la instalación de la ley que prohíbe. Lo interdicto del goce y el deseo como causa, son consecuencia de la imposibilidad y lo traumático del lenguaje, más que efecto del ejercicio del poder. Este es solo agente de la prohibición cuya función  soporta  el velamiento  de lo real de la estructura.

Para Lacan no hay un objeto del deseo, y la referencia al objeto en tanto a, es para situar en ese objeto la causa del deseo, se trata de un resto heterogéneo a lo simbólico, el  a, no es un significante; “simboliza lo que, en la esfera del significante, se  presenta siempre como perdido, como lo que se pierde con  la significantización. Pero precisamente este  desecho, esta caída, esto que resiste a la significantización, es lo que acaba constituyendo el fundamento en cuanto tal del sujeto deseante”.[12]

El deseo es inconsciente, está articulado, pero no es articulable y en ese sentido comporta una fundamental ignorancia. Es una determinación sin intención, que produce consecuencias. La aspiración a la fuga y su deriva en la vertiente de  “todo es posible”, deja a la metonimia del deslizamiento de objeto sin el amarre metafórico del que siempre es condición para la significación, sin ella se confunden los objetos de satisfacción, de los de realización del deseo en tanto causa.

El modo de resistencia propuesta por los filósofos estaría signada por la voluntad, intención consciente de deconstruir y liberar al sujeto de sus determinaciones sociales, culturales desestimando la determinación inconsciente del sujeto.

En Que es la deconstrucción? Dice Jacques Derrida: “Hay que entender este término, “deconstrucción”, no en el sentido de disolver o de destruir, sino en el de analizar las estructuras sedimentadas que forman el elemento discursivo, la discursividad filosófica en la que pensamos. Este analizar pasa por la lengua, por la cultura occidental, por el conjunto de lo que define nuestra pertenencia a esta historia de la filosofía…diría que es un pensamiento del origen y de los límites de la pregunta “¿qué es…?”, la pregunta que domina toda la historia de la filosofía.”

La discursividad y la razón occidental son puestos en el banquillo. Pero para el psicoanálisis se trata de lo que no se sabe y de los límites del lenguaje que hace imposible el saber.

 Dice Lacan “Esta división [del sujeto] refleja los avatares del asalto que, tal cual, la ha confrontado con el saber de lo sexual, traumáticamente en la medida que este asalto esté condenado de antemano, al fracaso por la razón que he mencionado, que el significante no es apropiado para dar cuerpo a una fórmula que sea la de la relación sexualDe ahí  el No hay relación sexual [13]

Pero, ¿qué es el sexo? pregunta Joan Copjec e interpela a Butler, quien parece proceder guiada por la convicción de que la deconstrucción de la ficción del sexo innato o esencial y la de la  diferencia sexual es posible  porque si el sexo es algo que “se hace” en una construcción cultural, también puede deshacerse”, desconociendo lo real como categoría y la imposibilidad lógica, que constituye una constante o invariable, y que no coincide con la anatomía, ni la convención.  

 

Los discursos de época lejos de subvertir al discurso capitalista lo alimentan.

 

La discursividad filosófica hegemónica que habita los discursos de la época descree del Inconsciente y  de su efecto sujeto dividido, de lo real como imposible y entronizan la conciencia en sus variadas formas del yo como, la autonominación, la autopercepción, la autodecisión, todas formas de identificaciones imaginarias,  liberando al sujeto de su determinación del Otro. Hacen imperar la modalidad de empresa que critican al capitalismo y a la sociedad de control. La autodeterminación donde cada sujeto es su propia empresa, no parece ser  la forma del  progreso en los derechos sociales producto  de la resistencia al poder, cuando es la que tan bien se describe como forma de control. Lacan (1975) decía: “No hay progreso. Lo que se gana de un lado se pierde del otro. Como no sabemos lo que perdimos, creemos que ganamos”.

Aunque el Otro está siempre en falta, S(Ⱥ)  su rechazo alimenta la ilusión de que todo es posible, consecuencia de la muerte de Dios, y que retorna con convicción religiosa. "El Otro del Otro ese al que se llama generalmente Dios, pero del cual el  análisis revela que es simplemente La mujer"[14].

Paradójicamente, si por un lado la filosofía y la ciencia deudora de aquella, son producto del agujero en lo real; proceden a tapar ese mismo agujero. "Lo real es siempre un fragmento, un cogollo. Un cogollo en torno del cual el pensamiento teje historias; pero el estigma, de este real como tal, es no enlazarse con nada"[15].

A los sujetos de la época los psicoanalistas les posibilitamos tejer historias, con los significantes que se representa ante Otro. Subjetivamos su malestar y nos dirigimos hacia aquellos significantes que han traumatizado, que han marcado el cuerpo.

Nos servimos de los objetos despejando los del consumo, para ubicar aquellos más aptos para la singularidad de cada goce y hacerlo condescender al deseo. Ciframos y desciframos el inconsciente que se manifiesta aún. Nos orientamos  hacia la vivificación, acotando la pulsión de muerte. La experiencia analítica que siempre es uno por uno, permite saber del goce, de lo que no anda de cada quien, para darle un tratamiento posible en la invención de nuevos lazos y de mejores soluciones. Lo que no hacemos es obturar, ni taponar lo real.

Nos regimos por una ética de las consecuencias, orientados por Lacan y Freud, implicamos a los sujetos en sus palabras y sus actos; no los desentendernos de sus efectos y, de ellos también nosotros como analistas nos hacernos responsables.



[1] Ponencia presentada en la III Jornada Anual de Nodo “Discursos de época ◊ Discurso del analista” el 14 noviembre 2020

[2] Post-scriptum sobre las sociedades de control[2] en Conversaciones 1972-1990 Gilles Deleuze L´Autre Journal, n.°- 1, Mayo de 1990

[3] ]. Lacan, Jacques. "Radiofonía", "Otros Escritos", pág. 436.

3   J.Lacan, J. Op. Cit

 

[5] El sujeto y el poder. El presente trabajo de Foucault que ha sido traducido del inglés, constituía el epílogo a la segunda edición del libro de Hubert L. Dreyfus y Paul Rabinow: Michel Foucault: beyond structuralism and hermeneutics (Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermeneútica) públicado por la Chicago University Press, 1983.

[6] Lacan, J De una cuestión preliminar  a todo tratamiento posible de las psicosis(E. p. 531) [526] Escritos 2, Siglo XXI editores, 1987

[7] Lacan, J Seminario, libro 3, Las Psicosis Bs As, Paidós, 1997. p. 239

[8] Lacan, J La significación del falo”. Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI,1987. Pag 672

[9] Foucault, M. historia de la sexualidad 1 la voluntad de saber

[10] Cfr En el Cours Vincennes del  26 de marzo de 1973

[11]  Rossi, M El Deseo, fundamentos éticos en  Sanchez, F y otros Gillles Deleuze.Diez lecturas en torno…Gral Roca, Publifadecs, 2012

[12] (Lacan, 2006, p.190)

[13] J. Lacan, “Radiofonía”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 434 y 436.

[14] Seminario XXIII pag 125

[15] Op cit 121